Hay educadores que piensan que
motivar a los alumnos mediante recompensas es bueno, pero dista mucho de la
realidad, ya que algunos niños se esforzarán por conseguir buenas notas y
elogios de sus profesores, dejando a un lado el esfuerzo por ampliar la
curiosidad de saber.
Agrupar a los alumnos según sus
capacidades dará lugar a incentivar la baja autoestima, actitudes negativas y
agresividad.
Los profesores elogian de forma
equivocada a los alumnos que muestran voluntad en el esfuerzo y lo que hacen es
reforzar unas metas no alcanzables.
No siempre se deben usar premios
para motivar al alumno, si se recompensa por hacer lo que a uno realmente le
gusta va a debilitar su interés por llevarlo a cabo. Hay otro tipo de alumnos
que se esfuerzan, para conseguir
recompensas por tener una buena conducta o por realizar un buen trabajo escolar,
pero éstos se vuelven oportunistas ya que van a intentar conseguir el máximo de
premios con el mínimo esfuerzo, buscarán tareas fáciles de realizar y tenderán
a no recordar la información aprendida.
Las calificaciones también
influyen en la motivación que deben recibir los niños, ya que generalmente se
desmotiva a los que realmente lo necesitan, se premia a los buenos y se
castiga, es decir, no se premia a los no buenos. Muchos alumnos se esforzarán
lo mínimo para conseguir el premio, o sea el aprobado no rindiendo todo lo que
realmente pueden hacer. Las calificaciones motivarán a los alumnos de manera
temporal. El profesorado cree que éstas son un arma para vencer la apatía de
los alumnos, pero intensificarán las conductas de evitación.
El profesorado para motivar a los
alumnos de forma adecuada y correcta, tiene que hacer un esfuerzo por conocer a
los alumnos y buscar como ensalzar sus cualidades, sólo así podrá motivar a cada uno según sus
necesidades, es la única forma posible de que muchos alumnos no se pierdan a lo
largo del camino y de que finalicen sus estudios.
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